En tan solo segundos pude sentir como el suelo bajo mis pies se removió. No sé si Fran notó el cambio radical de mis expresiones pero creo que fueron evidentes.
—Hola, Delu. ¿Cómo estás?
Joao, el amigo de Maël era quien me saludaba.
—Hola —pude decir—. Muy bien, ¿y tú?
Curveó sus labios hacia abajo con una especie de mueca sonriente, y se encogió de hombros.
Miré hacia la entrada, seria, esperando que no apareciera otra fatal sorpresa. Los demás inocentes de mi estupor, se sentaron y no tuve má