—Tú no eres de las que engañan —Maël exhaló, con una risa que no tenía nada de gracia—, no se lo harías a mi primo, ni a nadie. Además, no pienso participar en algo así.
Sentía rabia porque me dijera todo eso, y reto de aceptar quedarme allí con él. La garganta me dolía muchísimo.
Me miraba como un hombre que cazaba a su presa con inteligencia. Él solo quería que yo decidiera, ¿quién le enseñó a ser así?
Luché mucho por no llorar. Mis palmas sobre su pecho, quería alejarlo un poco de mí.
—No sé