De inmediato me quité la venda.
«¿Qué…?»
Miré la puerta.
Agudicé mis oídos y el silencio absoluto fue demasiado abrumador.
Sin moverme del colchón, escudriñé la parte baja de la puerta y la sombra me indicó que había alguien allí detrás.
Tragué grueso y me atreví a preguntar:
—¿Nikko? ¿Qué pasa, por qué no entras?
Un juramento a modo de murmullo fue exhalado desde afuera y jadeé muchísimo.
Agarré las cobijas e hice un puño con ellas en medio de mi pecho.
—¿Quién es? —Mi voz trémula.
La persona