Camila sobó su frente cansada del llanto de los dos niños, desde el día anterior no se callaban.
Al separarlos de Leone comenzaron a gritar llamando a su abuelo, los disparos al aire hechos por la demente de Gabriela, los silenciaron por unos minutos, permitiendo que se les entrara al auto, y llegar al hotel.
Allí empezó el verdadero suplicio, los gritos, las pataletas dónde la comida fue lanzada al suelo o sobre Gabriela y ella, sin embargo, lo más sorprendente fue ver cómo Neisa atacaba con