—Ir juntos…, ¿quiénes y a dónde? —preguntó la voz de la madre del Humberto Valtierra tras escucharlo decir en voz alta que deberían ir juntos.
—No es tu asunto, madre —respondió Humberto, disimulando demasiado poco su mala gana—, como todo en mi vida.
—Te equivocas, querido —refutó la elegante y seria mujer que no se inmutaba ante los desplantes de ese hijo suyo que, en realidad, a duras penas soportaba, pero, sin él, ella no podría disfrutar de nada de lo que disfrutaba: el dinero de su marid