Dos años después.
Eric cerró los ojos cuando sintió aquel líquido caliente corriendo por su pierna, y su grito resonó en toda la mansión.
—¡Dianaaaaaaaaa!
La niña asomó en su vestido de fiesta, porque estaba cumpliendo años y sonrió de oreja a oreja.
—¿¡Por qué tu maldit0 perro me está orinando encima!? —gruñó y su hija se encogió de hombros con una expresión de inocencia.
—¡No lo sé, papá! ¡Está de un desobediente últimamente…!
—Mira, princesa, te lo creería si no le hubiera contratado yo mism