33. Despierta, mi amor
La búsqueda dio inicio, y de un momento a otro, había llegado a un punto crítico. Era una carrera contra el tiempo que Ramsés no estaba dispuesto a perder.
Con cada minuto que pasaba sin que encontraran a Gala, su entereza se desmoronaba un poco más. Las horas avanzaban como una tormenta; lenta y agónica. Uno a uno, los jornaleros regresaban sin noticias. Las sirvientas que habían ido al pueblo también volvieron con las manos vacías. Nadie sabía nada. Nadie la había visto. ¿Cómo podía ser posibl