32. No volvería sin su esposa en brazos
— ¡Habla ya, muchacha! ¿Qué esperas?
— Es que, María, yo… yo creo que cometí un error, uno muy grave, y por eso la señora ahora no sabemos dónde está.
— ¡Dime de una buena vez que eso que hiciste, muchacha del demonio!
— Bueno, lo que pasa es que… alguien llamó a la señora, y me dijo que era de vida o muerte que le pasara el teléfono, entonces yo lo hice, pero ya sabe lo curiosa que soy y me quedé escuchando detrás de la puerta — la muchacha jugaba nerviosa con sus dedos.
— ¿Y qué escuchaste? —