31. Una verdad revelada
Gala parpadeó, confundida, contrariada, después de recibir aquella llamada.
— ¿Ayudarte? Nana, ¿qué… está pasando? ¿Por qué estabas con Simón? ¿Qué…?
— Mi niña, escúchame, Simón intentó secuestrarme para que te obligara a venir a mí, pero yo me negué, no iba a exponerte. ¡Está loco!
— Dios, nana, ¿estás… bien?
— Sí, mi niña, logré escapar.
— ¿En dónde estás? Hablaré con Ramsés, le diré que vaya por ti.
— No, no, a él no. Estoy… en la hacienda.
— ¿En la hacienda? ¿En dónde?
— En una casucha. Esto