30. Ramsés va a dar con la verdad
Esa noche, la casa grande parecía envuelta en un manto de silencio casi escalofriante. El ambiente era denso, como si cada rincón del lugar estuviera impregnado del dolor que Gala y Ramsés cargaban. La cena, como siempre, fue servida a las ocho, pero quedó intacta. Ramsés permaneció en su despacho, con la mirada fija en algún punto a través de la ventana, mientras el nudo en su pecho crecía y crecía con cada segundo que pasaba.
Lo consumía.
Lo quemaba.
María, seriamente preocupada, insistió en q