La complicidad entre ambas era evidente, habían congeniado desde el principio a pesar del poco tiempo que llevaban conociéndose. A Celine le agradaba la compañía de Claudia, especialmente durante las noches en las que compartían lecturas en la biblioteca. Sin saberlo, la pelirroja había estado ayudando a Claudia a lidiar con su insomnio, ofreciéndole una distracción agradable en lugar de quedarse dando vueltas en la cama luchando por conciliar el sueño.
—Es muy amable señorita. Gracias —una son