El Alfa Supremo lo mira atentamente, puede percibir el nerviosismo del Alfa Amat. Es cierto que el protocolo decía que debían avisar su visita. Pero eso no quiere decir que él con su séquito pueda aparecer en cualquier manada del mundo de sorpresa, pero su presencia hoy era muy diferente.
—¿Cómo estás, amigo mío? —lo saludó el Alfa Supremo familiarmente para bajar la tensión—. Lo que me trae hoy por aquí, creo que nos va a unir más que nunca.
Terminó de hablar sonriente estrechándole su mano el