59. UNA SITUACIÓN PELIGROSA
AMANDA:
Amaral me lanzó una mirada preocupada antes de dar un paso más cerca de la ladera. Un instinto protector, casi visceral, me obligó a avanzar detrás de ella. Los niños, todavía ajenos a nuestra presencia, seguían discutiendo mientras las luces de las que hablaba Netfis comenzaban a hacerse visibles.
Eran suaves destellos que parecían flotar entre la nieve, como fragmentos de magia perdidos y danzantes. Me detuve un momento, intentando descifrar su origen, pero no había una fuente clar