286. LA PROPOSICIÓN, CONTINUACIÓN
HORACIO:
Puedo percatarme que en verdad está muy asustada, escucho como le late el corazón acelerado. Por eso me acerco y le tomo las manos.
— Si prefieres, lo recreo aquí —propongo enseguida.
— ¿Seguro, que está aquí al lado? —pregunta ella con curiosidad.
— Seguro amor, podemos ir caminando —me apresuro a señalar la entrada de la otra cueva. Para mi alegría asiente —. Está bien, dame la mano.
Aprieto su mano y caminamos en silencio, hasta una entrada con un arco de flores. Me detengo y le