26. EL CELTA BENNU
BENNU:
Mis hombres inclinan la cabeza, sabiendo que no tienen excusa. La responsabilidad de la protección es indivisible, y yo, más que nadie, les exijo ese compromiso. Uno de ellos da un paso al frente. Su postura es firme, aunque la culpa le mancha el orgullo, y habla de la valentía suficiente para enfrentarme.
—Señor, fue en el cambio de guardia —dice el segundo—. Unos novatos dejaron su puesto diez minutos antes. Ya lo investigué todo, señor. Es mi culpa.
Los miro sin decir nada, mientras