CAPÍTULO 65. TE DEJARÉ SIN NADA
Lucía ancló una de sus manos al cuello de Henry, mientras que la otra acariciaba su mejilla, permitiendo que la besara con mayor libertad, disfrutando del roce de su lengua con la suya. Todo su cuerpo se estremeció al percibir la firmeza con la que la acerba a él. Su corazón se agitó y su pulso se disparó ante lo que ocurría.
—Me sucede lo mismo —expresó al tomar distancia de él—, me gustas más de lo que imaginé—. Provocas un extraño efecto en mí.
—También tú en mí —contestó sin poder quitar su