—Aquí están las pastillas —anunció Natalia, en su mano derecha sostenía un vaso de cristal con agua.
Libia tenía la cabeza recargada en el escritorio. No soportaba la horrible migraña, si no fuera por Rodríguez ya se hubiera vuelto loca de tanto papeleo.
Por otro lado, la cosa con Lison empeoró, el hombre exigía que el contrato que firmó con Elena se cumpliera, mientras que Libia pedía lo contrario, pues no quería verlo. Tal vez demasiado inmaduro de su parte, pero estar cerca de él no se sentía