No te culpo.
Tiodor Lison salió de la oficina de proyección, cerciorándose que la cremallera de su pantalón estuviera arriba. Inhaló con fuerza y contuvo el aire unos cuantos segundos, luego lo expulsó por la boca, sintiéndose humillado. Perdió la razón por un par de ojos bonitos, y con la mínima provocación cayó ante sus encantos, cómo si fuese un animal en celo. Miró su reflejo en una de las ventanas, «patético». Con una mano se retiró el exceso de sudor de la frente y con paso firme salió de la empresa M