Más de lo que iba a admitir.
El día estaba demasiado soleado. No es que no estuviera acostumbrado a ese clima, más bien, creyó que en ese lugar había un ambiente más fresco. Se pasó la mano por la frente, sentado en una de las bancas de una solitaria cafetería. Por lo visto, ni siquiera tenía un buen climatizador. Y además de la fastidiosa campanilla que sonaba siempre que abrían, estaba el chirrido insoportable que hacía.
—¿Qué quería el tal Forjes?
—Se acercó para platicar, nos dijo que sabía que no éramos de por aquí.