Libia parpadeó varias veces, lo que dijo su amiga debía ser una broma.
—¿De qué estás hablando? —interrogó, soltando una risita.
—Los vi salir de la oficina de tu tía, le pregunté a Patricia, el brasileño resultó ser un don Juan —dijo con sarcasmo—, le ha estado mandando flores y chocolates, de verdad que hay hombres interesados y luego está ese tipo.
—Él no me avisó de su regreso —soltó, tratando de encontrar mentira en las palabras de Natalia.
—Libia, yo lo vi, no fue una alucinación.
—Mi tía