—¿¡Dónde estabas, carajo!? —le reclamó Alfonso entre dientes.
—Por ahí —contestó Libia sin ahondar en explicaciones.
—Te busqué como loco… —detuvo sus quejas y miró al frente. Unos penetrantes ojos lo hicieron estremecer al punto que casi moja los pantalones.
Tiodor lo veía con el ceño fruncido, lo que lo hacía ver mil veces más aterrador.
Libia volvió su cabeza en dirección a aquello que dejó a Alfonso con la boca abierta.
—Señor Lison —pronunció su nombre con fingida inocencia—. Él es mi ami