Brillante joya.
Lison continuaba visitando a Libia, a veces le regalaba pequeñas macetas con girasoles. La chica no se cansaba de explicarle lo pésimo qué se le daba la jardinería y por consecuencia las plantas que tocaba morían.
No obstante, su mente iba y venía en el conflictivo triángulo amoroso que odiaba. Ya no tenía la edad para portarse fantasiosa. Ahora buscaba un hombre que la amara, la respetara y no fuera un cabrón mujeriego. Sin duda, Lucas siempre sería su mejor opción. Pero Lison era Lison, aun co