El punto de vista de Sofía
El aire se sentía demasiado espeso, presionando sobre mi pecho como un peso que no podía sacudirme. Mi pulso latía en mis oídos, ahogando los suaves jadeos y murmullos que ondulaban a través de la multitud.
Theo se arrodilló frente a mí, sus ojos oscuros fijos en los míos, inquebrantables, ilegibles. Sus dedos se curvaron alrededor de mi mano, firmes pero engañosamente suaves.
Una propuesta.
Mi estómago se retorció violentamente.
Esto no era real. Esto no fue amor.
Es