Amaya Bezos.
Cuando Marcelo salió de la casa, las chicas no perdieron tiempo. A toda prisas me desataron, e intentaron ponerme de pie. «No lo conseguí».
Forcejearon tratando de estabilizarme sobre mis piernas, más me fue totalmente imposible. Las horas amarradas habían adormecido mis músculos y entumecido cada parte de mis extremidades.
Cada vez que intentaba moverme, sentía como cientos de alfileres imaginarios me cortaban piernas y brazos al unísono.
Lo peor de todo fue que al ponerme de pie