Amaya Bezos
No pude dormir el resto de la noche. El coraje no me lo permitía.
«Mejor el coraje que la autocompasión» pensé.
Lo cierto era que prefería sentirme enojada, y no herida en mi ya destrozado y remendado amor propio.
Deseaba odiar con todas mis fuerzas a ese muchacho que se negó a aprovecharse de una damisela alcoholizada. Era digno de admirar... ¡si!.
Pero que lo admirara otra, porque yo estaba aferrándome a odiar para no derrumbarme.
La vida perfecta que supuestamente tenia no