OWAIN LUTHER
En todos los años que llevábamos siendo amigos, nunca, jamás, había visto esa expresión en el rostro de Malcom.
No éramos precisamente el típico tipo de amigos con intereses comunes. Cualquiera nos veía y se daba cuenta de que no encajábamos en el molde. Aun así, de alguna manera, el vínculo que nos unía era profundo, casi como una familia.
Él era el tipo de traje. El soñador. El que marcaba la pauta y seguía las reglas.
¿Pero yo? Yo era el tipo que descorchaba champán en la calle