Siempre éramos mamá y yo. Las dos contra el mundo. Subsistíamos con un huerto y recolectando hierbas y frutos que mamá vendía. Vivíamos en una antigua cabaña, entre los límites de dos manadas.
Manadas lideradas por alfas crueles con una reputación por demás cuestionables. Madre me había hecho prometerle que jamás iría a algunas de esas dos manadas por nada en el mundo, era ella quien hacía las compras y vendía las hierbas que recolectábamos. Con el tiempo me llamo la atención el aroma de alguna