Marcas doradas recorrían su pecho en patrones brillantes, curvándose en formas que no entendía. Brillaban débilmente bajo la luna, espiralando y tejiéndose a través de su torso, envolviendo sus costados, algunas arrastrándose por sus brazos. No eran aleatorias… parecían símbolos, como algún idioma antiguo presionado en su propia piel. Le daban un aura santa y aterradora, como si no fuera solo fae, sino algo más alto, algo destinado a ser adorado o temido.
Se inclinó ligeramente para quitarse la