Virginia
No permití que me cargara, sin embargo, y para mi satisfacción, la tienda estaba bastante cerca de una de las salidas que conducían al estacionamiento del centro comercial.
Creo que como casi no había nadie caminando por el estacionamiento, Murilo decidió que era el momento de contradecir mi deseo y me llevó en sus brazos.
No admito el hecho en voz alta, pero internamente agradecí por su actitud. Me sentía muy cansada, como si estuviera cargando kilos y kilos sobre mis hombros e inclus