Lyra
Cuando Alaric anuncia que pasaremos a la reunión privada con el consejo, siento cómo el aire cambia de densidad. Las sillas se mueven, las copas se apoyan con suavidad estudiada, y los hombres comienzan a ponerse de pie con esa formalidad tensa que precede a las decisiones importantes.
Yo también me levanto, manteniendo la espalda recta, la barbilla en alto, recordándome que no soy la loba expulsada que salió por esas puertas meses atrás.
Pero entonces la voz de Selene corta el murmullo.