A Kai le dieron el alta el jueves.
El médico repasó las instrucciones: reposo, nada de esfuerzos físicos y una revisión dentro de una semana. Kai asentía a todo. Parecía dispuesto a aceptar casi cualquier cosa con tal de volver a casa un poco antes.
Nadia tenía los papeles del alta en la mano.
Los leyó. Todos. Línea por línea.
—Ha tenido suerte —dijo el médico.
—Lo sé —respondió Nadia.
Y lo decía de verdad; quizá fuera lo que más sinceramente había dicho en mucho tiempo.
Durante el trayecto en