Amara regresó a las dos.
Su aspecto no había cambiado drásticamente, solo lo suficiente para indicar que había ido al hotel, se había puesto cómoda y tenía intención de quedarse. Un suéter más suave. El cabello suelto. Esa tranquilidad propia de quien se instala en un lugar.
Llamó a la puerta antes de entrar.
Nadia se dio cuenta de ello.
La primera vez no había llamado.
Kai estaba incorporado cuando ella llegó.
Estaba mejor que por la mañana; el color volvía a su rostro y mostraba esa alerta ca