En ese momento, Juan no tenía ni idea de que tanta gente estaba preocupada por él en la empresa.
Se dirigió directamente a la dirección que Osvaldo le había dado.
El destino, una gran y hermosa mansión.
Juan tocó el timbre suavemente y pronto un hombre corpulento y con el ceño fruncido se acercó a preguntar: —¿Qué quieres?
Juan miró la respectiva información y dijo: —Soy empleado del Grupo Madera Viento y quiero ver a la señora Sonia Mendoza.
El hombre frunció seriamente el ceño aún más al esc