Juan escuchó muy atento a María y entrecerró los ojos.
¿Qué le pasaba ahora? ¿Se había vuelto acaso loca otra vez?
—Primero, nunca he hecho nada sucio con Ana.
—Segundo, si no lo hice antes, mucho menos lo haré ahora.
—Yo, Juan, siempre actúo con suma integridad. Espero que dejes definitivamente de herirme con tus palabras ponzoñosas. Ya he soportado bastante de ti.
María escuchó las palabras de Juan y apretó los puños con rabia. ¡Qué descarado!
Después de todo el gran esfuerzo que había hecho