Observando detalladamente la espalda de Juan y las bolsas de ropa desgastadas que llevaba, Lucía suspiró con total resignación.
Podía adivinar que Juan no tenía ropa de calidad. Aunque Lucía no era una mujer superficial, comprendía muy bien la importancia de la apariencia, especialmente en su rol como directora ejecutiva.
Por ejemplo, en una fiesta de alta categoría, donde todos visten trajes de diseño, sería imposible que alguien tomara en serio a una persona vestida con pantalones cortos y s