Juan volvió a casa y vio a Lidia sentada muy cómoda en el sofá.
Aunque la televisión estaba encendida, sus ojos no dejaban de mirar hacia arriba, hacia el segundo piso.
Juan se sintió algo extraño. ¿Qué le pasaba a Lidia?
Cuando vio a Juan entrar en la mansión, Lidia sonrió discretamente y dijo: —Ja, ja, estás acabado.
Juan se sintió extraño. ¿Cómo podía estar acabado si todo iba bien?
Lidia continuó con gran malicia: —Lucía está de muy mal humor ahora. Seguro que no conseguiste el trabajo al