Al día siguiente, Juan se despertó muy temprano como de costumbre.
Al llegar al dormitorio, se dio cuenta de que Lucía y Lidia aún no estaban despiertas.
Al ver los ingredientes en la cocina, decidió preparar un desayuno sencillo para las dos, así que se puso manos a la obra en la cocina.
Cuando Lucía y Lidia bajaron las escaleras, percibieron un aroma delicioso que provenía de la cocina.
Sin pensarlo dos veces, dirigieron la mirada hacia allí y vieron a Juan con un delantal muy ocupado en la