En ese momento, Lidia vio a Juan a su lado y de inmediato recordó el incidente en el que él la vio desnuda.
Su rostro se puso tan rojo como un tomate, totalmente avergonzado hasta las orejas.
Lucía, que no entendía nada sobre los matices adolescentes, al ver a Lidia tan sonrojada, la tocó muy preocupada en la mejilla para comprobar así, si tenía fiebre.
Al sentir la mano fría de Lucía, Lidia dio un grito y rápidamente tocó sus mejillas abrasadoras.
Lucía le preguntó algo extrañada: —¿Lidia, e