Los próximos años, tener a Juan como su prometido no había sido tan malo. Al menos, eso significaba que la fuerte presión de la familia no recaería sobre ella.
Al pensar en eso, Lucía habló fríamente por teléfono: —Está bien, definitivamente lo elijo a él—.
Del otro lado de la línea, se escuchó la voz de Nicanor, sin ningún rastro alguno de emoción, simplemente dijo: —Ya que son prometidos, debes llevarlo a donde vives ahora y cultivar mejor su relación.
Esto enfureció a Lucía de inmediato. Con