—Podemos darte algo de dinero como recompensa —dijo María.
Carlos, al escuchar esto, se alegró mucho; todo iba según sus planes. Podría vengarse de Ana, esa mujer despreciable, y acercarse a la hermosa mujer que tenía delante. ¿Por qué no aprovechar esta oportunidad?
Carlos, conteniendo su alegría interna, adoptó una postura de rectitud y nobleza.
—Denunciar a estos comerciantes sin escrúpulos es mi deber como médico educado en Esperanza. En cuanto a la recompensa, no es necesario.
Las dos mujer