A la mañana siguiente, Juan se levantó temprano y se dirigió al patio de la mansión.
Juan cerró lentamente los ojos, respirando el fresco aire matutino.
Con cada inhalación y exhalación de Juan, las hojas caídas a su alrededor se movían al ritmo de su respiración.
En este momento, Juan parecía estar fusionado con la naturaleza.
De repente, abrió los ojos, una luz brillante parpadeó. Juan gritó fríamente, resonando como el rugido de un tigre.
Juan flexionó la cintura y lanzó un puñetazo, producie