Por otro lado, Ana seguía compitiendo en secreto con Celia. Aferrándose firmemente a Juan, afirmaba su dominio, pero ante este comportamiento infantil de Ana, Celia solo pudo sonreír con ironía.
Pronto comenzó el baile, y la gente se acercó al centro donde se llevaba a cabo. El mayordomo, como anfitrión del baile, anunció: —¡Buenas tardes a todos! Debido a que nuestro joven señor tiene asuntos que atender, esta vez seré yo quien se encargue de dirigir el baile.
—Para comenzar, permítanme present