Sintiendo una fuerte intención asesina emanando de Juan, Leonardo, que yacía en el suelo, no era ingenuo.
Sabía que, si seguía allí, Juan podría hacer cualquier cosa.
Pero el dolor en su abdomen era tan insoportable, que en tan poco tiempo no podría aliviarlo en lo absoluto. Incluso si quería arrastrarse, le era imposible.
Solo podía quedarse allí, esperando a que Juan se acercara cada vez más.
Como un pez en la tabla de cortar, esperando ser sacrificado, esto era muy desesperante.
—Juliana, de