Juan se sintió un poco frustrado y finalmente abrió la puerta para que Celia entrara en la casa con él.
Una vez adentro, Juan preguntó ansiosamente: —¿Qué plan tienes?
Celia sonrió ligeramente, con sus ojos brillando como los de una encantadora hada. —Cariño, ¿por qué siempre estás tan apurado?
Juan, con la expresión fría y distante, respondió: —No tengo tiempo para discusiones inútiles contigo aquí.
Celia, sintiéndose bastante impotente, negó con la cabeza y dijo con gran dulzura: —Eres tan fal