Al escuchar la voz seductora al otro lado del teléfono, María se enfureció.
Gritó furiosamente al teléfono: —¡Eres la fea, yo soy muy guapa!
—Eres una mujer sin vergüenza. Voy a hacer justicia para mi hermano.
Pero el teléfono del otro lado ya estaba colgado.
Después de colgar, María frunció el ceño con enojo y ojos bien abiertos.
Rita a su lado continuó provocando: —¿Qué tal? ¿Ahora lo crees?
—Juan no es una buena persona.
—Quién sabe con cuántas mujeres mantiene relaciones ambiguas.
Al escucha