Acto seguido, se escuchó el furioso regaño de Isabel: —¡Maldito, ¿sabes siquiera qué es volver a casa?!
Después de un día agotador fuera de casa, María, llena de agravios, apenas entró y recibió tal maltrato, lo que la hizo sentir aún más agraviada.
—Ma, ¿qué estás tratando de hacer? —preguntó María.
Isabel se levantó con lágrimas en los ojos.
—¿Por qué te casaste con ese inútil? No solo nuestra familia no obtuvo ningún beneficio, sino que además él te hizo perder tres años de juventud —recrimin