Al escuchar las palabras de Ana, no pudo evitar soltar una risa.
Juan, resignado, se dio la vuelta y se marchó, seguido de cerca por Ana y Raúl.
¡Ana realmente sabe cómo insultar a la gente!
María se puso roja de la ira por los insultos, y al ver cómo los tres se alejaban, sintió un temblor en todo su cuerpo.
Rita rápidamente le dio palmaditas en el hombro y se acercó para consolarla: —María, no les hagas caso. Tengo un plan para hacerles sentir incómodos.
María, con los ojos enrojecidos, se sin