Las luces repentinas le quemaron los ojos y le hicieron entrecerrar los ojos. Se había acostumbrado a la oscuridad de que estar en la luz le resultaba extraño. Sus piernas se sentían débiles y apenas podía moverlas debido a que no las ha usado en dos días. Su mente estaba nublada mientras diferentes pensamientos se arremolinaban en su cabeza por agotamiento y hambre. Dos días de estar atrapada en la oscuridad fueron suficientes para despojarla de su sentido de identidad y tiempo. Se sentía como