El restaurante ya estaba despierto cuando Tara y Mateo cruzaron la puerta de Lumina.
El sonido de cuchillos golpeando tablas y el murmullo de la cocina llenaban el aire.
Eran algo más de las doce del medio dia, y el equipo ya estaba trabajando.
Uno de los cocineros levantó la cabeza al verlos.
—Buenas tardes, señorita Tara. Buenas tardes chef.
Mateo asintió brevemente mientras caminaba hacia la cocina.
—¿Cómo vamos?
—Preparando las bases para el servicio de la noche.
Tara dejó su bolso en la pe