Scarlett Ashford
Habían pasado unos días desde aquella terrible mañana en el cementerio. Atravesé las puertas de cristal del edificio corporativo de Blackwell. Hoy no mantuve la cabeza gacha. No me aparté de los guardias de seguridad ni de los ejecutivos ocupados que pasaban a mi lado en el gran vestíbulo. Mantuve la espalda recta y caminé directamente hacia los ascensores.
Pulsé el botón del piso treinta y cinco. Cuando se abrieron las puertas metálicas, el aire olía a café caro y papel limpio